La luz del sol de la tarde intentaba asomar entre las nubes grises. No pudimos llegar al puerto de Barranqueras. El capitán, que consideraba demasiado complicado el acceso, se rehusaba a hacerlo en medio de la lluvia y al anochecer. Una lancha, contratada para recoger a un grupo de nosotros y llevarnos al puerto, no recibió la autorización de prefectura. Nos resignamos a ver pasar el ingreso a Barranqueras y sus enormes silos a la distancia (al día siguiente pasaríamos junto a ellos en tierra, por la Avenida Gaboto). Cuando divisamos el puente General Belgrano, que une Corrientes con Resistencia, la lluvia cesó por completo y el cielo comenzó a despejarse. Atracamos en le muelle de Corrientes a eso de las 21:30.
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