La lluvia se nos aproximaba silenciosa, empapando a los trenes de barcazas que cruzaban en uno y otro sentido. Bajo una luz sutil y constantemente cambiante Daniel García Helder mateaba en la cubierta. Tchira, Silvestri, Forster y Reboratti discutían acerca del paisaje. Martín desesperaba. El tiempo estaba detenido.
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